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Subimos en el ranking de la FIFA pero bajamos en el de las calificadoras

En los últimos días ha habido una serie de críticas contra Carstens y Calderón por querer aumentar los impuestos en medio de una crisis económica. Mientras que la teoría económica sugiere que el gobierno debería bajar los impuestos y fomentar el consumo durante una crisis, hubo varios lugares dónde leí que el gobierno quería subir los impuestos para evitar perder el grado de inversión que es otorgado por las calificadoras.

Tristemente parece ser que hemos quedado atrapados en el peor de los dos mundos. Por un lado se aumentaron los impuestos y por el otro Fitch bajó la calificación de nuestra deuda de BBB+ a BBB por no haberlos subido lo suficiente. Esto sería el equivalente a tomarnos una medicina de manera inconsistente y como consecuencia no curarnos y solamente adquirir los efectos secundarios de la misma.

No quiero ser dramático pero mientras escribía lo anterior me vino a la mente la frase que afirma que el camino del infierno esta empedrado de buenas intenciones.

¿Por qué debería preocuparnos la nueva calificación de Fitch?

Si lo vemos objetivamente, nuestra calificación solamente bajó un nivel y todavía conservamos el grado de inversión. Es decir, ante los ojos de los inversionistas nuestro país NO se ha convertido en Afganistán o Somalia de la noche a la mañana

No obstante, me ha tocado observar cómo muchas empresas invierten en países usando modelos con criterios muy específicos como lo son estas calificaciones. He visto cómo multinacionales usan los datos de las calificadoras para comparar países en los cuales piensan realizar nuevas inversiones.  Tener una calificación más baja nos disminuye las probabilidades de atraer nuevas inversiones. El argumento de México para competir con países cómo China e India por lo general era que somos un país más seguro y con una economía estable. Me pregunto que argumento usaremos ahora para atraer inversiones.

Asimismo, no hay que ignorar lo que la calificación está implicando. México se ha convertido en un país con mayor riesgo y por ende debe ofrecer tasas de interés más altas para atraer capital. Desgraciadamente, el subir las tasas de interés por lo general trae cómo consecuencia menor crecimiento económico.

El Banco de México ahora se encuentra ante una encrucijada ya que si no hace nada al respecto y empezamos a recibir menor capital del extranjero, nuestra moneda podría perder valor con respecto a otras divisas y enfrentamos el riesgo de tener mayor inflación en el mediano plazo.

No sé si lo que estoy diciendo vaya a pasar. Es probable que todo lo que estoy escribiendo no ocurra y sean sólo conclusiones erróneas que estoy generando en mi cabeza. Sin embargo, de lo que si estoy seguro es que la situación que está viviendo el país necesita ayuda en lugar de más cargas.

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