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Debería… (Segunda parte)

Son las 2:00 de la mañana. Es a esta hora cuando me doy cuenta de que no voy a hacer mi tarea. Mi reacción inicial es culpa. El estar rodeado de compañeros responsables que no han faltado a clases y hecho todas las tareas  (al menos en esta materia) me hace creer que las tareas son una obligación y no una elección como lo es todo en esta vida.

Las ~15 tareas que debo hacer a lo largo de este semestre representan 15% de mi evaluación semestral. En pocas palabras cada tarea representa 1 de los 100 puntos que puedo obtener en mi clase. Es importante mencionar que mi calificación no es determinada por la suma de puntos que obtengo sino por los puntos que obtengo en relación con los de mis compañeros.

Es decir, obtener un 90 no me sirve de nada si el resto de mi clase obtuvo 100 al final del semestre. De la misma manera obtener un 71 es la gloria si el resto obtuvo 50.

Ver que mi salón obtuvo una calificación promedio de 77 en el examen de medio término y que la desviación estándar de este examen fue 14 puntos (con sesgo negativo) me hace pensar que es un desperdicio hacer la tarea.

Si quisiera maximizar mi calificación, genera más retorno el empezar a estudiar para el examen final en lugar de invertirle 3 horas a algo que me va a dar tan sólo 1 punto. Estudiar el tema más difícil del semestre me ayudaría a estar 1 desviación estándar por encima de la media.

No obstante no estudié ni hice la tarea ya que preferí perder mi tiempo leyendo sobre un tema diferente. Por alguna extraña razón se me hizo interesante saber si vale la pena comprar o rentar una casa y decidí hacer un modelo de Excel y perder tiempo leyendo sobre el tema. Tras varias horas de esfuerzo no he llegado a una respuesta concreta pero al menos he estructurado el problema.

Ver que el beneficio de estas horas fue mayor que su costo (1 punto) me hace darme cuenta de lo dañina que es la palabra “Debería”.

Esta palabra es peligrosa si no pensamos en la alternativa.

Asimismo es sorprendente el ver la forma en la cual personas inteligentes pueden tomar decisiones incorrectas por el simple hecho de que “todo el mundo lo está haciendo”. Me pregunto cuántas acciones de mi vida están siendo guiadas por fuerzas invisibles como lo son las opiniones de terceros, la inercia del status quo y la palabra “debería”

  1. carolina #

    deberia..

    noviembre 22, 2010

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