El día de ayer tuve la oportunidad de platicar con una amiga que recientemente se mudó a California para trabajar en Google.
Durante nuestra conversación me enteré que esta amiga crea algoritmos que detectan si una página tiene contenido ilegal o prohibido.
Fotografías de asesinatos, pornografía infantil y cosas que no describiré en este espacio. Mi amiga tiene que identificar los patrones que existen en las páginas con este tipo de contenidos y gracias a su esfuerzo el FBI ha podido arrestar a varios individuos.
Para limpiar hay que ensuciarse. Para combatir al demonio hay que adentrarse en el infierno. Desgraciadamente, mi amiga no tiene a Virgilio como guía y tras narrar su día a día, fue triste el ver como le temblaba la voz y el estrés con el que vivía.
Le pregunté las consecuencias de estar expuesta a toda esta basura y ella respondió que tenía que ir al terapeuta para no perder su fe en la raza humana.
Perder la fe en la raza humana
Esto pasa cuando vemos solo un lado de la vida. Me acordé de la página del gobierno mexicano que dice “las buenas noticias también son noticias” y sobre la necedad de ver el lado negativo de las cosas.
Vemos al ladrón más no al trabajador honrado. Vemos al sacerdote pederasta, más no a los sacerdotes que dedican su vida a ayudar al prójimo. Doy este último ejemplo porque el día de ayer recibí también un correo que desarrolla esta idea.
A continuación les pongo un fragmento.
No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.
Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados.
No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.
No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino
Espero recordar las cosas positivas de la vida con mayor frecuencia.